¿Para qué te vas a operar de próstata?

El comentario que posterga la decisión y condiciona tu futuro.
“Esperá un poco más, sos joven todavía” “Con pastillas estás bien, ¿para qué operarte?” “Yo tengo lo mismo y no me hice nada.” “Dicen que después de eso quedás sin erección”… Frases como estas se escuchan todos los días. Vienen de amigos, familiares, conocidos… y aunque parecen bien intencionadas, están cargadas de creencias sin evidencia, mitos y temores que no hacen más que confundir y frenar decisiones importantes.

Y el problema es que cuando se posterga lo inevitable, el cuerpo pasa factura. Y en el caso de la próstata, eso puede marcar una diferencia profunda en tu calidad de vida presente y futura.

Para el varón que envejece, los problemas de próstata son casi tan comunes como las canas. El agrandamiento de próstata es una entidad que afecta al hombre a partir de los 50 años. Ninguna otra glándula del cuerpo humano, se expande de manera tan predecible con la edad como la próstata. Si el varón vive como el promedio de vida hoy, 82 años, es casi inevitable que padezca por la próstata agrandada. El tamaño, la intensidad de los síntomas y grado de repercusión sobre la calidad de vida varían, pero se incrementan con la edad. 70 % de los hombres tendrán síntomas prostáticos y sexuales a los largo de su vida.

Pero no solo los comentarios sociales alteran el curso de acción. La decisión médica también puede estar condicionada por la experiencia personal del urólogo, su formación quirúrgica o la tecnología con la que cuenta. Así lo demuestra un estudio reciente publicado en Urology Times, que revela que en muchos casos el tratamiento que recibe el paciente no depende tanto de su cuadro clínico, sino del médico que lo atiende.

El estudio reciente del Urology Times, 2024, reveló algo que debería hacernos reflexionar: la elección del tratamiento para la HPB depende más del médico que del paciente. Sus costumbres, su formación, su zona geográfica, su acceso a tecnología. En otras palabras: lo que se te ofrece no siempre es lo mejor para vos. Es lo que el médico sabe o puede hacer.

La consecuencia de esto es clara: Miles de hombres reciben tratamientos que ya están obsoletos. Toman medicación que no les cambia la vida, y muchas veces les quita la eyaculación o les baja la presión. Se les proponen cirugías convencionales que implican sangrado, internaciones prolongadas, anestesia general, días de sonda y larga recuperación. Todo eso cuando hoy existe tecnología láser que resuelve el problema prostático de forma ambulatoria, sin cortes, sin sangrado, sin anestesia general, y muchas veces conservando la función eyaculatoria.
Asistimos a un cambio en la forma de tratar uno de los problemas más incapacitantes del varón adulto, el agrandamiento de próstata. La eficacia limitada, los efectos adversos y la falta de adherencia a los medicamentos, hacen que el láser sea la mejor alternativa para la solución definitiva de este problema.

Si usamos el sentido común y sabemos que la próstata crece indefectiblemente con la edad a partir de los 50 años afectando la calidad de vida, la sexualidad, y causando daño irreversible a la vejiga o incluso insuficiencia renal crónica, es evidente que la intervención temprana es crucial. Hoy tenemos cirugías mínimamente invasivas que nos permiten superar esto. Además, con una esperanza de vida promedio de 82 años para el hombre moderno, y sin nuevos medicamentos que detengan el agrandamiento prostático. La pregunta ya no es si operarse o no, sino cuándo. Así, tanto para el colectivo médico como para los padecientes y sus familiares los comentarios ‘¿para qué te vas a operar? ¿sos joven para operarte?’ derriba cualquier argumento contra estos conocimientos.

 

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